Esta es la historia de una vida, la vida de un hombre. Con un poco de imaginación seguro que podemos pensar que esta podría ser una historia real, ya que no hay nada que no hayamos leído o visto antes. Este señor se llama Santiago, y tiene 30 años. Santiago se dedica a la radio, es locutor de un programa en una emisora local de una provincia de Andalucía, concretamente, Almería. A Santiago le gusta su trabajo, y lo hace bien, aunque cobra bastante poco, pero con esto de la crisis se da con una canto en los dientes por conservarlo. Nuestro protagonista no es de la misma ciudad de Almería, sino de un pueblo de la sierra de esta misma comarca llamado Tíjola. Y aunque trabaje y naciera en Almería, sólo lleva viviendo cuatro años y unos meses. Antes estaba en Madrid, donde creció y tenía a sus amigos de la escuela, el instituto, la universidad...
Ahora Santiago está caminando por la avenida Cabo de Gata, ha quedado con su mejor amigo en la plaza Manolo Escobar, en una cafetería que les encanta frecuentar: La Habana. Decorada de época, con buen café y buena comida. Santiago es un hombre elegante y le hubiera gustado vivir en la época en la que los hombre llevaban sombrero de copa y bastones con empuñaduras pintorescas. Ahora mismo lleva su traje azul marino con una camisa azul cielo y una corbata roja (aunque no el cuello, sino en el bolsillo). Está pensando en que seguro que llega antes de tiempo a su cita y tiene que esperar a su amigo. Santiago es alto, 1.80 aproximadamente, con pelo cortado a cepillo, pelo castaño y delgado. Y debido a la longitud de sus piernas siempre anda muy rápido, aunque vaya con tiempo de sobra. Lo cual le resulta muy útil cuando llega tarde (que es la mayoría de veces).
Su mejor amigo se llama Antonio. Él sí que lleva toda su vida en Almería, aunque una vez fue de excursión con el colegio para ver el estadio del Santiago Bernabéu y al pasar por Plaza Castilla vio las torres Kío (o eso dice). Tiene tres años menos que Santiago y le tiene mucho aprecio. Antonio también trabaja en la radio, es el control de sonido del programa en el que trabaja Santiago. Antonio es de estatura normal, también delgado pero más musculoso que su amigo y de pelo castaño claro.
Santiago iba andando como siempre, con grandes zancadas, hacia la nombrada plaza. Miraba el reloj pensando que no tenía porqué ir tan rápido, pero le gusta seguir el ritmo de la música que va escuchando en su iPod (Pop, house,...) Para su sorpresa el reloj ya marca las 18:30. "Bueno, es igual, estoy seguro de que Antonio lo comprenderá" se dice a sí mismo, y sigue andando pensando en que Antonio también suele llegar tarde. Era domingo y hacía un viento terrible, lo que le dificultaba oír su música, pero tampoco quería subir el volumen porque no quería hacerse daño en los tímpanos, y menos con una canción que, aunque le gustaba mucho, ya había oído cientos de veces. Pero de pronto, mientras pensaba en Antonio, el buen café de La Habana, la hora que era, y la canción que estaba escuchando, oyó un frenazo tremendo.
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